Hablar de lo chino

Orquídea Fong

No ha sido la primera vez que he estado en radio hablando de costumbres chinas. Fue el 15 de febrero del 2010, en el programa de Nino Canún, en donde participé con otras personas, entre ellas la también chino-mexicana Cristina Alvarado Engfui. No fue la primera vez, pero sí fue diferente. 

Los chinos y sus descendientes se han agrupado, en la ciudad de México, desde los años 40, por lo menos. La primera generación, los chinos que hicieron aquí su vida, mantuvieron un perfil bajo. Realizaban sus fiestas en privado. Muchos ni siquiera enseñaron el idioma a sus hijos. Y es que en aquellos años no era una buena idea hacerse notar. Muy reciente estaba la etapa en que muchos fueron deportados a China, con mujeres e hijos y el rechazo popular contra esta cultura y su gente flotaba en el aire. 

La generación siguiente, personas nacidas en los 40 y 50, hijos de chinos y mexicanas en su mayoría, aunque padeció los estragos de la discriminación, ya contaba con las ventajas de estar integrados en la sociedad mexicana y de tener educación y dinero. La gran mayoría de los chinos habían logrado, si no riqueza, sí una estabilidad económica por medio de los negocios y usaron ésta para educar a sus hijos. 

La generación nacida en los 40 y 50 fueron jóvenes “sesenteros” que además, vivieron otra atmósfera a nivel mundial. Ellos fueron, en México, quienes decidieron rescatar los elementos más notables de la cultura de sus padres, para revivirlos y darlos a conocer públicamente, en festivales, carnavales y revistas. Los que somos hijos de estas personas, nacidos en los 70 y 80, ya participamos muy activamente en varias de estas agrupaciones y la convivencia dentro de éstas marcó nuestra infancia y nuestra identidad. No obstante, no tuvimos la infancia demasiado fácil, pues nuestros rasgos y apellidos nos hacían continuo objeto de bromas y burlas, aunque no de violencia física.

 A estos cambios  hay que agregar la evolución que ha tenido la imagen mundial de China. Antes, nación pobre y desarticulada, se la veía como mera exportadora de curiosidades incomprensibles, de criados, panaderos y lavanderos chistosos. Luego, con el comunismo, fue nación cerrada a ultranza, que ahogó su herencia cultural en ideología política. Ahora, segunda economía mundial y ya un verdadero contrapeso del poder norteamericano en el mundo.  Dedicada además, a una ambiciosa promoción de su imagen, de su idioma, de sus costumbres.

Esta vez que estuve en radio, pude constatar cómo han cambiado las cosas. Antes, lo chino era curiosidad, cosa rara. Ahora, gracias a todos los cambios que he mencionado a grandes rasgos, lo chino inspira interés real. Y no estoy hablando de los estudiosos, de antropólogos, politólogos y demás profesionales, que siempre se han acercado a China con seriedad. Hablo del público en general, de la gente común, que desde sus casas, mientras mira telenovelas, se entera en algún corte noticioso que ya viene el Año Chino, de su signo, de la comida. 

No faltó, en el pasado, el comentario burlón, por parte de cierto conductor famoso, cuyo nombre no diré, en el sentido de que la música china sonaba como “si a la cinta le hubiera pasado un tráiler por encima”. Y agregaba la advertencia al auditorio: “no se vaya a espantar, señor, señora, así es la música china”.

Ahora, el respeto del conductor, su buen sentido al conducir la plática, el hecho de que eran más mexicanos que chino-mexicanos en la mesa, todo ello, revela que la información sobre lo chino ha permeado lenta, pero profundamente en el bagaje cultural de la sociedad mexicana. 

La multiplicación de la información, propia de estos tiempos, más la evolución de la colonia de descendientes chinos en México, más el cambio de imagen pública que da China, han hecho el cambio. Tal vez no sea un gran logro, visto en un esquema cósmico, pero es muy satisfactorio.

Es reconfortante ver que nuestra identidad como chino-mexicanos recibe el respeto que cualquier manifestación humana merece. Más allá de estereotipos o caricaturas. Yo, y otros muchos, ahora nos movemos de forma muy distinta a como hicieron nuestros abuelos o bisabuelos, que se sentían, seguramente, acorralados y señalados, cuando no abiertamente perseguidos. Diferentes serán las cosas para los chinos que ahora, van llegando de China, buscando negocios, poniendo escuelas, invirtiendo. Tal vez hayamos logrado algo, después de todo, con nuestros festivales, nuestras danzas. Tal vez hayamos sido parte de una pequeña mejoría. Ya se verá.

One Comment to “Hablar de lo chino”

  1. Muy interesante y muy cierto todo lo que expones. Aquí ha pasado de manera similar también. Por suerte con el tiempo y al haber cada vez mayor intercambio cultural (no solo con China sino con muchas otras culturas), se discrimina menos y se aprende mas del otro.
    Un bran abrazo!

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