Cai Guo Qiang. Todo es un museo

 

Orquídea Fong

La superficie del agua en calma sugiere una serpiente de fuego cruzándola en una noche oscura. Un cielo despejado es como un lienzo negro que requiere luces explosivas, vueltas flores y dragones. La gente trabajando, en sincronía inconsciente, llama al artista a plasmar sus volúmenes en un espacio calculado. Autos y helicópteros que se quieren ver en coreografías inmóviles. Derrama de tigres o de perros. Todo es un museo, la realidad entera es una obra plástica.

Cai Guo Qian vive para ocupar y utilizar cualquier espacio y convertirlo en expresión. Pinta, dibuja, esculpe, instala, pero también diseña fuegos artificiales y escenografías teatrales.

El artista chino, residente en Nueva York, tiene en su historial una asombrosa cantidad de exposiciones. Cientos de obras, la gran mayoría, efímeras. “Los proyectos realizados son como brillantes juegos pirotécnicos en el firmamento. Los proyectos irrealizados son las noches oscuras”, dice Cai, en una semblanza escrita por él mismo

Nació en 1957 en Fujian, China. Estudió para escenógrafo en el Instituto Dramático de Shanghai. Ha sido curador museográfico y diseñó los efectos visuales de las ceremonias de apertura y clausura de los Juegos Olímpicos de Beijing. Desde sus inicios, su trabajo ha buscado la espontaneidad y lo no convencional, en reacción intensa al clima de represión que vivían las artes de China en su juventud.

Noventa y nueve barcas de aluminio unidas entre sí formando una serpiente. Las pequeñas barcas van llenas de alcohol y se les prende fuego, para que la llama azul de cada una brille contra el agua del río. Un bote motorizado hará avanzar la línea suavemente. Pero, cuenta Cai en su semblanza, la estabilidad falla y uno, por uno, despacio, los botes se hunden en el agua, tal como si un dragón se sumergiera lentamente. Hermoso, pero el público no pudo verlo. Fue uno de los fracasos del artista. Un fracaso ante el público. Pero no un fracaso de la imagen  o de la belleza. Si todo es un museo, el azar debe ser parte de él.

Y tal vez por darle su papel al azar, es que el artista gusta mucho de trabajar con pólvora. Tiene numerosas obras en donde la explosión es el mecanismo para plasmar el color.

Otra noche oscura: en 1996, Cai proyectó la instalación “El tonto que movió la montaña”. Hay una leyenda china que relata como el hombre tonto, pieza por pieza, desmontó la montaña que le estorbaba la vista frente a su casa. Por motivos políticos, la exposición donde estaría esta obra fue cancelada. Las enormes piedras de las altas montañas chinas, que Cai había encargado ya, se quedaron en sus sitios. Dice aún recordar esa idea. “Era muy tonta”, asegura.

Peasants Da Vincis

Lo más nuevo de Cai Guo Qiang se pudo apreciar recientemente en el RockBund Art Museum, en Shanghai. “Da Vincis Campesinos”, es el nombre de la exposición en la que el artista nos presentó. “Da Vincis en versiones campesinas chinas”, según el museo.

“Cai Guo Qiang nos muestra da Vincis alternativos, da Vincis campesinos chinos. En su propio espacio, ellos reproducen la invención de máquinas que existen o alguna vez existieron en el mundo para ayudarnos a sobrellevar nuestras limitaciones. Son humildes, aun cuando mantienen aspiraciones increíblemente sublimes. Sus invenciones son crudas y simples,  producto del enfoque y la tozudez individual, pero increíblemente atrayentes”, dice la reseña oficial.

Sin moverse de su escritorio puede visitar  www.caiguoqiang.com, en donde encontrará las obras de Peasants da Vincis y de las  exposiciones de años anteriores. Muy recomendable.

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