Leng T’che/ Primera entrega

 Antonio Ambriz Avendaño

 (Muerte por mil cortes, también llamada “Muerte de los mil y un cortes” o “Muerte de los cien pedazos” (en chino, 凌遲, Ling Chi o Leng T’ché) fue una forma de suplicio chino utilizado hasta principios del siglo XVIII para ejecutar penas de muerte, hoy día abandonado. La práctica consistía en descuartizar al reo, que previamente era drogado con opio y atado a un poste. Los pedazos del cuerpo eran depositados ante el reo, que era mantenido con vida hasta terminar con una decapitación o la extracción de un órgano vital/ Brook, Timothy et. al.; Death by a Thousand Cuts; Harvard University Press. / N. del A.)

Como si el “sadismo” fuese virtud exclusiva de la China milenaria y patrimonio intangible de su cultura, hemos edificado mediante la influencia de occidente, ese siniestro lugar común llamado “tormento chino” para referirnos a una situación o persona que resulten intolerables a nuestro común denominador del “buen gusto”.

No advertimos, empero, que, con semejante referente, estamos envolviéndonos con el místico halo de la hipocresía judeocristiana, que en otros tiempos hizo gala de la más inaudita saña para perseguir y torturar a sus oponentes, o a quienes creía como tales, y es señal de estos tiempos de intolerancia rampante.

Tampoco la venda del puritanismo y las buenas maneras nos permite percibir que el placer rayano al éxtasis tiene una frontera sutil y macabramente cercana y vecina cuasi hermana del dolor extremo.

En el fondo, no hay nada de alarmante en comprobar la vieja premisa de que “los extremos se tocan”.

Después de todo, el éxtasis y la agonía son sólo instantes. Y es precisamente el goce de un instante lo que nos convierte en buscadores de la representación visual del instante de gozo.

 La incesante búsqueda del registro de un instante es lo que llevó a la invención de la fotografía; así como la incesante búsqueda de la fijación del gozo llevó a Farabeuf, el personaje central de la novela de Salvador Elizondo, a horadar en lo más insondable de la psique del eros.

Farabeuf, o la crónica de un instante, es un texto original de Salvador Elizondo, publicado por editorial Joaquín Mortiz en la serie El Volador, en 1965. Fue acreedor al premio Xavier Villaurrutia ese mismo año, y traducido al francés por la editorial Gallimard.

En poco tiempo esta obra fue traducida también a media docena de lenguas incluyendo inglés, alemán y portugués, y ha sido re-editada desde entonces por el Fondo de Cultura Económica y otras casas editoriales.

El texto es de difícil lectura y requiere una serie de claves para ser descifrado. Sus temas principales son el erotismo, la escritura china, la fotografía, el placer, la repulsión, el horror, la adivinación y el I Ching.

Para la filosofía china el mundo está constituido por un número infinito de correlaciones cambiantes que sólo pueden expresarse en un instante dado. Y de los instantes, ¿Cuál mas significativo que el de la muerte o el orgasmo? ¿Cómo captar la esencia de tal momento? ”

-Fotografiad un moribundo- dijo Farabeuf-, y ved lo que pasa. Pero tened en cuenta que un moribundo es un hombre en el acto de morir y que el acto de morir es un acto que dura un instante -dijo Farabeuf-, y que por lo tanto, para fotografiar a un moribundo es preciso que el obturador del aparato fotográfico accione precisamente en el único instante en el que el hombre es un moribundo, es decir, en el instante mismo en que el hombre muere”.

El erotismo y la tortura son inseparables; por un lado, existe el deseo de esa trascendencia casi mística por medio del coito, pero también está el horror del amor, el abismo y la imposibilidad de anularlo a no ser por medio de la muerte.

Por otra parte, tenemos el impulso erótico de creación y recreación de la realidad, mediante la cual se inventa la realidad para crear una manifestación parcial del deseo y expresar nuestras carencias a la vez. De tal suerte que creamos una barrera que ha de ser superada cotidianamente para poder sortear la aventura de la vida.

Es pues, notable el hecho que un antiguo tormento (chino) haya tenido impacto tal en una obra de las letras (mexicanas).

Revelador también resulta cómo la pulsión de muerte es el alma de toda pulsión vital (diría Jacques Lacan).

Hay infinidad de vetas por explorar en la realidad a partir de los lineamientos establecidos en este texto de Elizondo; por lo que nos atreveremos a sondear en entregas próximas (como Mallarmé) en la escritura de las cosas y los instantes, sin nombrarlos.

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