Fórmulas secretas de Shaolín

Antonio Ambriz-Avendaño (*)

Recientemente, entre las curiosidades que se encuentran de ordinario entre los efectos de un bazar olvidado en una pequeña ciudad de esta provincia, he hallado un antiguo volumen que, bajo otras circunstancias, hubiera pasado desapercibido para mí. Luego de mis experiencias en las fuerzas armadas federales y el forzoso paso por el mercenariato en naciones emergentes, he hallado un útil recurso en las añosas páginas del libro en cuestión:

Secret Shaolin Formulas for the Treatment of External Injury: Chapters One Through Ten of Shao Lin Si Mi Fang Ji Jin : Highlights of Shaolin Monastery’s Secret Prescriptions” Orally Transmitted by Patriarch De Chan/Recorded & Arranged by Monk De Qian/Translated by Zhang Ting-Liang & Bob Flaws/Second Edition Revised and Edited by Bob Flaws… sin fecha visible…

El volumen se ocupa de los secretos de la medicina tradicional herbolaria china, enfocada al tratamiento de heridas internas producidas en combate, concretamente a las de los guerreros Shaolin, por lo que resultaba también sumamente práctico para remediar algunos padecimientos que mis años de armas y sus andanzas me han ocasionado.

El hojear el compendio tan sólo me remite a evocaciones de alto valor simbólico (está de más querer aclarar que el cumplimiento literal de cada receta es por demás labor imposible, producto de la necedad y poco seso) que bien confirman el carácter apasionantemente críptico de los menesteres de la cultura de lejano oriente.

Baste ver la mención de ingredientes como la Sanguis Draconis (en latín, “Sangre de Dragón”; Xue Jie en chino), que ha de ser algún extracto vegetal que tinta a rojo carmesí; el Cinnabar(Cinabrio, mineral rojizo, Zhu Sha para los orientales); Pyritum (que es, sencillamente la pirita, el “oro de los tontos”, Zi Ran Tong, para los chinos, previamente sumergido en vinagre por 7 ocasiones); Radix Angelicae (la Raíz Angelical o Bai Zhi)… y así…

No es menos impresionante el largo catálogo de males que las pócimas alivian, que van desde dolores musculares o corporales superficiales o profundos, úlceras o heridas ulceradas, parálisis y desviaciones o contracturas de ojos, boca y brazos, hemorragias de toda naturaleza y profusión,  aftas en boca (y otras mucosas), envenenamientos de toda laya, heridas por toda clase de arma o puño en la región genital, en fin, que casi todo mal que aqueje al guerrero  combatiente, con la salvedad de la amputación de los miembros.

Baste revisar una de las prescripciones al azar para dar cuenta de lo fabuloso de recetas y alcances de la Medicina Tradicional China:

“Receta para tratar los dolores insidiosos en el área del precordio debidos a golpe de puño.  Ingredientes: Cinco tábanos (Meng Chong, quitarles las alas); CortexRadicisMoutan (Dan Pi), 30g; Flos Carthami Tinctorii (Hong Hua), 15g; Radix Albus Paeoniae Lactiflorae (Bai Shao), 15g.  Recocer en agua y agregar una taza de orina de niño. Tómese internamente.” (sic.) (pág. 19)

La impensada utilidad del recetario resulta abrumadora para el conocimiento común del occidental, de tal suerte que las preparaciones magistrales podrían pasar como imposibles de preparación, a menos de que se esté familiarizado con el hermetismo de los farmaceutas chinos y sus secretos ancestrales. No habría que sorprenderse, pues de tal manera se conducían en sus prescripciones los boticarios y alquimistas europeos.

En el compendio de los efectos de una de las pócimas, es de resaltar la que confiere la facultad de “Elevar el espíritu y liberar el flujo del Yang, abrir los portales y relajar las distrofias.  Se indica en la falta de conciencia de los asuntos humanos… esta prescripción posee el efecto de ‘revitalización’.  Si un ligero calentamiento en la región precordial del paciente se sigue percibiendo (sic), el paciente puede ser vuelto a la vida luego de tomar 9 gramos de este polvo. Desde luego que, si se presentase vómito, lo que no es usual, una cura por medio de esta prescripción se torna especialmente difícil…” (pag. 4).

Resultaría de notable relevancia (y utilidad verdadera y extrema) que entre tanto mal remediado con singulares componentes, hubiese el que curara la indómita y eterna estupidez humana. Con tristeza, esta es otra de las cosas que la China milenaria aún no consigue desentrañar… aún.

(*) Texto publicado bajo el título de sección Leng T'che, en el número cinco de la Revista Bamboo.

2 comentarios to “Fórmulas secretas de Shaolín”

  1. Querido Toño:
    No creo que haya receta para la estupidez y que se invente en un futuro cercano.
    Las recetas de ese libro pueden ser preparadas por un yerberbo experto, pero con cuidado pues si recetan cinabrio puede ocurrir un envenenamiento de sangre.
    Regresando a la estupide, Einstein declaró que probablemente el universo era más grande que la estupiez humana, pero no estaba muy seguro.
    Por ota parte, Hermenegildo L. Torres, fundador del PUP, sentenció:
    “Si a cada pendejo perverso
    tuvieramos que encerrar
    preciso serí circundar
    de muros el universo.
    Saludos desde otras páginas de BAmboo.
    Un abrazo
    Jorge Fong

  2. Me honra en demasía su comentario. Me halagan sus acotaciones, las cuales me veré precisado a profundizar. Desde mi rincón de penumbra le envío un sentido recuerdo.
    Siempre recordándoles:
    A.

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